
Qué pasa dentro del músculo y cómo guiar una readaptación sin recaídas
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Prof. Lic. Mario Di Santo
Curso relacionado: Lesiones Musculares
Si trabajás con alumnos o deportistas, tarde o temprano te toca: un desgarro, una distensión, ese dolor
punzante que frena todo. Y ahí aparece la gran pregunta que separa a un instructor promedio de un
profesional de verdad: ¿qué está pasando dentro de ese músculo y qué puedo hacer (y qué no) en cada
momento? Entender la biología de la lesión muscular no es un lujo académico: es lo que te permite
tomar mejores decisiones, evitar recaídas y acompañar el proceso sin cometer los errores clásicos de los
80, cuando todo se resolvía con “21 días de reposo y fisioterapia”… y las reincidencias estaban a la orden
del día.
No todo daño muscular es una lesión
Primera distinción clave: no es lo mismo el daño miofibrilar que el daño fibrilar. El daño miofibrilar es el
que produce el propio entrenamiento (el famoso DMIE, daño muscular inducido por el ejercicio): se
disrumpen sarcómeros y bandas Z, pero no se activa un proceso de cicatrización. Es parte del estímulo y
del trofismo normal.
La lesión fibrilar, en cambio, sí activa la miogénesis y la formación de cicatriz. Ahí hablamos de lesión
propiamente dicha. El 90% de los casos se explica por dos mecanismos: contusiones (una fuerza
compresora repentina, típico golpe) y distensiones (excesiva fuerza tensil y sobreestiramiento, que
suelen dar rupturas profundas y muy cercanas a la unión miotendinosa, el sector más frágil de toda la
unidad músculo-tendón). Según el grado de ruptura, las lesiones se clasifican de 0 a 3: desde imagen
negativa sin patología visible hasta la ruptura total del músculo o tendón.
Las 3 fases: destrucción, reparación y remodelación
Toda lesión muscular atraviesa tres fases, con plazos orientativos que dependen de la magnitud del
daño, la genética del sujeto y el tratamiento:
▪ Destrucción (día 0 a 3): ruptura, necrosis e inflamación. Ojo: la inflamación inicial es saludable y
hay que permitirla. Las bandas de contención evitan que la necrosis se propague por toda la fibra.
▪ Reparación (día 3 a 10): fagocitosis del tejido muerto, regeneración de miofibras a partir de las
células satelitales y producción de la cicatriz, junto con crecimiento capilar y neural.
▪ Remodelación (día 10 a 20): maduración de las fibras regeneradas, contracción y reorganización
del tejido cicatricial, y recuperación funcional y propioceptiva.
El pico de regeneración muscular se da entre los días 7 y 14. A partir del día 14, el ritmo de regeneración
desciende y gana terreno la formación de tejido cicatricial. Ese dato solo ya te ordena toda la
intervención.
Miogénesis vs. cicatriz: el equilibrio que define todo
A diferencia del hueso (que se regenera con tejido idéntico), el músculo se repara: aparece una cicatriz,
un tejido nuevo. Y acá está el corazón del problema: la reparación es una competencia entre dos
procesos simultáneos, la miogénesis (formación de nuevas fibras que unen los extremos separados) y la
cicatrización (tejido conectivo que consolida y protege). El objetivo terapéutico es que la cicatriz nunca
predomine sobre la miogénesis.
¿Qué pasa si predomina la cicatriz? Sobreproducción desordenada de colágeno, fibrosis y adherencias.
Una cicatriz densa es más débil: actúa como barrera mecánica que limita la angiogénesis, la miogénesis y
la neurogénesis, y complica los procesos propioceptivos y el control motor de la zona. ¿Y cuál es el gran
promotor de la fibrosis? La inmovilidad y la falta de estímulo mecánico.
El estímulo mecánico: temprano, nunca prematuro
La estimulación mecánica temprana (no prematura) es la herramienta más poderosa que tenemos para
inclinar la balanza hacia una buena reparación. El estrés mecánico orienta las fibras de colágeno y las
nuevas miofibras, inhibe los enlaces cruzados patológicos, estimula las bandas laterales que estabilizan
la zona en regeneración y activa los factores de crecimiento de la matriz extracelular que ponen a
trabajar a las células satelitales.
En la práctica, esto se traduce en recursos concretos: excéntrico de baja intensidad para ayudar a
reparar y orientar la fibra, masaje muy suave para favorecer el trabajo satelital, aeróbico sin impacto
para la revascularización (los miotubos jóvenes tienen pocas mitocondrias y necesitan oxígeno), y
estiramientos e isométricos dosificados según la etapa. El equilibrio es fino: sin carga tensil, la cicatriz se
vuelve densa; con carga excesiva, se lesionan las mini uniones miotendinosas entre fibras regeneradas y
cicatriz, y eso es un retroceso.
De la camilla al campo: las 6 etapas de la readaptación de fuerza
Una vez encaminada la reparación, el trabajo del profesional del movimiento recién empieza. La
propuesta metodológica del Prof. Mario Di Santo ordena la readaptación funcional en seis etapas de
duración variable:
▪ 1. Reactivación neuromuscular: reactivar la corteza motora primaria (inhibida por el dolor) con
isométricos y estiramientos suaves, bajando el hipertono protector.
▪ 2. Readaptación mecánica: foco en reorganizar el tejido conectivo y refuncionalizarlo
sensorialmente; ganan protagonismo las acciones excéntricas.
▪ 3. Potenciación neuromecánica: entrenamiento integral de la fuerza con todos los regímenes
(isométrico, excéntrico, concéntrico) y sus transiciones.
▪ 4. Transferencia gestual: ejercicios de similitud progresiva con la motricidad deportiva o cotidiana.
▪ 5. Reinserción contextual: fuerza específica en el campo, con elementos y reinserción social al
grupo.
▪ 6. Perturbación y resolución compleja: multitareas, variaciones y desafíos resolutivos de dificultad
incluso mayor a la que el sujeto enfrentará después.
Dos claves transversales: acompañar todas las etapas con trabajo propioceptivo y de equilibrio (casi tan
numeroso como el de fuerza), y nunca dar por terminado el proceso sin haber expuesto al alumno a
situaciones de alta complejidad. La readaptación no busca solo evitar la re-lesión: busca devolver a la
persona mejor de lo que estaba, con confianza plena en sus propias facultades.
Conclusión: del conocimiento a la acción
Conocer la biología de la lesión muscular te cambia la mirada: dejás de contar días fijos de reposo y
empezás a leer procesos, respetar la inflamación inicial, dosificar el estímulo mecánico y progresar la
fuerza con criterio. Esa es la diferencia entre repetir recetas y tomar decisiones profesionales.
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