
El orden que nace del movimiento
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Prof. Lic. Mario Di Santo
Curso relacionado: Teoria de los Sistemas Dinámicos
Si hace años que das clases, seguro te pasó: un alumno ejecuta el ejercicio “perfecto” en el reformer o en el circuito funcional, con la técnica impecable que le enseñaste… y cuando cambia el contexto —otra superficie, otra velocidad, un empujón inesperado— el movimiento se desarma. ¿Falló tu enseñanza? No. Falló el modelo con el que solemos pensar el movimiento. La Teoría de los Sistemas Dinámicos (TSD) propone otra mirada: el movimiento no se ordena “desde arriba” como una orden militar del cerebro a los músculos, sino que emerge de la interacción entre el cuerpo, la tarea y el entorno. Y eso cambia todo en cómo planificás tus sesiones.
De la orden jerárquica a la auto-organización
Durante buena parte del siglo XX, el movimiento se explicó con teorías reflejas, conductistas o de control jerárquico: un programa central en la corteza cerebral que “baja” instrucciones, con poca importancia para la retroalimentación. La cibernética de Wiener y, sobre todo, la Teoría General de los Sistemas de Ludwig von Bertalanffy (1976) rompieron ese esquema: el sistema nervioso no es un órgano aislado que descarga órdenes a los músculos, sino parte de una totalidad integrada que se auto-organiza.
Bertalanffy distingue entre sistemas cerrados y abiertos. Todo organismo vivo es un sistema abierto: necesita un flujo constante de materia y energía del entorno y alcanza estados uniformes y estables, nunca un “equilibrio” definitivo. Además, las estructuras biológicas son multifuncionales: los mismos componentes anatómicos pueden combinarse para funciones diferentes. Tu core no “sirve para” un ejercicio: se reorganiza según la tarea. Pensalo la próxima vez que armes una progresión.
Bernstein y el problema de los grados de libertad
Si hay un nombre que tenés que conocer es el de Nikolai Bernstein (1896-1966). En pleno apogeo de las ideas de Pavlov, Bernstein estudió la complejidad de los sistemas coordinativos y planteó el problema central del control motor: el cuerpo tiene muchos más grados de libertad (articulaciones, músculos, combinaciones posibles) que los que necesita para cualquier tarea. Coordinar es, precisamente, dominar esos grados de libertad redundantes y convertir al cuerpo en un sistema dinámico controlable.
¿La solución? Las sinergias: combinaciones flexibles de acciones musculares que trabajan como una sola unidad con un objetivo definido. Bernstein usaba una analogía hermosa: los músculos son las letras, las sinergias son las palabras y los movimientos son las frases. Mark Latash —quien además tradujo la obra de Bernstein del ruso— actualizó el concepto: las sinergias no eliminan grados de libertad, sino que garantizan un rendimiento flexible y estable de la tarea (principio de abundancia). Un mismo músculo puede participar en múltiples sinergias, y una misma orden del sistema nervioso central puede generar movimientos muy distintos según las fuerzas externas y las condiciones iniciales.
Aplicación directa: cuando un alumno principiante se muestra rígido, con las articulaciones “cementadas”, no está fallando: está congelando grados de libertad, la primera fase natural del aprendizaje motor. Tu trabajo no es corregir esa rigidez con más instrucciones, sino diseñar tareas que lo inviten a liberar grados de libertad progresivamente.
Estabilidad, adaptabilidad y por qué el error es un patrón estable
Los sistemas abiertos se regulan por bucles de realimentación. La realimentación negativa sostiene condiciones a pesar de los cambios del entorno (estabilidad); la positiva permite ajustarse a condiciones nuevas (adaptabilidad). Como señala Capra, la integración de ambos bucles forma redes complejas con comportamiento no lineal: pequeñas causas pueden generar grandes efectos, y viceversa.
Acá viene una idea potente para tus clases: el error técnico es un patrón altamente estable. Depende de un bucle de realimentación negativa que hace persistir el mismo modo de resolver la tarea aunque cambien las condiciones —y, como plantea Frans Bosch, el sistema lo detecta como conveniente. Por eso repetir mil veces la corrección verbal no alcanza: para desarmar un patrón estable hay que desestabilizarlo con variabilidad, no pulirlo con repetición idéntica.
Caos, catástrofes y el elogio del desequilibrio
La TSD dialoga con otras teorías de la complejidad. La teoría del caos (Lorenz) muestra que los sistemas son sensiblemente dependientes de las condiciones iniciales: no podemos predecir con exactitud, pero sí encontrar pautas generales. La teoría de las catástrofes (Thom) estudia los cambios drásticos: la desaparición de un equilibrio y el establecimiento de otro. Y la sinergética (Haken) aporta que el todo no solo es más que la suma de las partes: es algo diferente, por la interacción no lineal entre las partes y su entorno.
La conclusión práctica es contraintuitiva y liberadora: en la naturaleza no hay equilibrio, hay estados estacionarios. La estabilidad es siempre provisoria, un estado de recuperación funcional que prepara nuevos desórdenes. La TSD no reniega de la estabilidad: se pregunta cuánta es necesaria y promueve el desorden cuando la estabilidad ya duró lo suficiente. Si tus planificaciones buscan que el alumno “domine y repita”, le estás negando el motor del aprendizaje: la inestabilidad provisoria que empuja la superación.
Cómo llevarlo al reformer y al entrenamiento funcional
Algunas ideas concretas para poner en acción desde la próxima clase: variá las condiciones iniciales de cada ejercicio (posición de arranque, resortes, superficie, velocidad) en lugar de repetir series idénticas; diseñá el entorno para que la solución motora emerja —lo que Gibson llamaba affordances, lo que el medio ofrece— en vez de sobre-instruir verbalmente; tolerá y usá el “desorden” técnico transitorio como señal de reorganización, no como fracaso; y pensá cada sesión como un sistema abierto: la misma tarea nunca se repite dos veces en las mismas condiciones, y eso es exactamente lo que la hace formativa.
Seguí profundizando
La TSD no tiene un único autor ni un único libro: es una corriente viva, con representantes como Kelso, Newell, Thelen, Davids, Balagué, Torrents, Schöllhorn y Bosch, en permanente evolución hacia nuevas aplicaciones al entrenamiento. Entenderla te da un marco para dejar de perseguir la repetición perfecta y empezar a diseñar experiencias de movimiento que formen alumnos adaptables.


