
Antes de programar, medí: la asimetría postural que tu ojo no ve
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido de BEFUN
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“A simple vista se lo ve bien parado” es una de las frases más peligrosas que puede sostener un programa de entrenamiento. La postura y la movilidad tienen niveles mínimos y óptimos medibles, y buena parte de las lesiones que aparecen “de la nada” después de meses de entrenamiento en realidad venían anunciadas por una asimetría que nadie evaluó formalmente al principio.
EVALUAR NO ES LO MISMO QUE MIRAR
La evaluación funcional distingue con precisión entre varios conceptos que solemos usar como sinónimos. El test es el procedimiento para obtener información con consenso en la comunidad científica; el control obtiene información sin ese consenso; la medida es el proceso para recoger esas informaciones, atribuyendo un valor nominal u ordinal a los resultados; y la evaluación implica tomar decisiones a partir de los datos recogidos, comparándolos con algún patrón, criterio o referencia. No es un matiz académico: si tu “evaluación” es en realidad una mirada sin patrón de comparación, no tenés información para tomar decisiones de programación, tenés una impresión.
Los objetivos de evaluar antes de programar son concretos: establecer un punto de inicio y de comparación de la condición física actual de la persona, prevenir lesiones —con alto valor preventivo—, planificar programas de acondicionamiento individualizados, y visualizar los efectos de un plan de entrenamiento reconociendo mejoras o deficiencias reales, no supuestas.
EL PATRÓN QUE APARECE UNA Y OTRA VEZ
Uno de los hallazgos posturales más frecuentes en la evaluación funcional es el síndrome cruzado —descrito originalmente por Vladimir Janda—, caracterizado por falta de movilidad torácica, hipercifosis, adelantamiento de cabeza y protracción de hombros, generalmente acompañado de hiperlordosis lumbar compensatoria. Este patrón no es una curiosidad anatómica: describe una combinación específica de músculos hipertónicos y otros hipotónicos que, sin evaluación, queda invisible hasta que genera una compensación dolorosa.
Lo que se evalúa en la práctica es concreto y estructurado: posición neutra de la columna, movilidad en niveles mínimos y óptimos, estabilidad, asimetrías respecto a niveles deseados, orden de activación muscular y, cuando es posible obtener el dato, fuerza. Cada uno de estos ítems es un factor predictivo de lesión cuando se aparta de rango, no una curiosidad estética de la postura.
EL NÚMERO QUE DEBERÍAS TENER EN LA CABEZA: 10-20%

Acá aparece uno de los criterios más aplicables de toda la evaluación funcional: la asimetría en flexibilidad se clasifica en tres bandas. Hasta 10% de diferencia entre lados se considera aceptable; entre 10% y 20% es una zona de advertencia; y por encima del 20% se considera no aceptable y amerita intervención antes de seguir progresando la carga.
Esto tiene una base neurofisiológica concreta: la falta de deformabilidad miofascial afecta al tejido ligamentario sub y suprayacente, y la flexibilidad —al aumentar el área trabajada o estimulada en el homúnculo sensorial y motor de la corteza cerebral— es clave en el control motor, porque este requiere de altos niveles de procesamiento de información por parte del sistema sensoriomotor. Dicho de otra forma: más asimetría en flexibilidad tiende a traducirse en menor control motor, y menor control motor es, en sí mismo, un factor de riesgo.
LA MOVILIDAD DORSAL, UN CHEQUEO QUE RINDE MUCHO
Un ejemplo concreto de por qué vale la pena medir en lugar de asumir: la región dorsal debería tener rangos óptimos y lo más simétricos posibles en los planos sagital y transversal —patrones de flexo-extensión y rotación torácica—. Esto trae dos ventajas medibles: mayor control lumbopélvico y cervical, y rangos de movimiento glenohumerales funcionales. Pasar de 45° de rotación dorsal en sedestación se considera un giro suficiente, y algunos protocolos proponen 50° como mínimo. Un alumno que rota bien menos de eso en un lado que en el otro no “tiene una diferencia sin importancia”: tiene un dato que debería modificar su programa.
TRES PREGUNTAS ANTES DE ARMAR EL PRÓXIMO PLAN
Antes de programar el próximo bloque de entrenamiento para un alumno nuevo —o de re-evaluar uno que ya venís acompañando— alcanza con hacerte tres preguntas: ¿medí la asimetría de movilidad y flexibilidad, o solo la observé?, ¿esa asimetría está dentro del 10% aceptable, en la zona de advertencia del 10-20%, o por encima del 20% que exige intervención?, y ¿el patrón que veo se parece al síndrome cruzado descrito por Janda, y si es así, qué grupos musculares necesito relajar y cuáles activar antes de sumar carga?
Con esas tres respuestas en mano, dejás de programar por intuición y empezás a programar con datos —que es, en definitiva, la diferencia entre prevenir una lesión y simplemente esperar que no aparezca.
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