
Control motor vs. biomecánica
La charla de Frans Bosch que cambia cómo pensás la prevención de lesiones.
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Lic. Mario Di Santo
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Durante mucho tiempo, evaluar el riesgo de lesión de un deportista fue casi sinónimo de medir ángulos, rangos de movimiento y estructuras: el terreno clásico de la biomecánica. Pero en 2018, en el auditorio del Camp Nou, una conferencia del entrenador holandés Frans Bosch instaló una pregunta incómoda para cualquier profesional acostumbrado a esa mirada: ¿y si el problema de fondo no es de estructura, sino de coordinación?
La idea no busca desechar la biomecánica ni la evaluación clásica. Busca sumarle una capa que muchas veces falta: la del control motor, entendido como la disciplina que estudia el acto motor desde las acciones regulativas del sistema nervioso. Sin esa capa, sostiene Bosch, buena parte de la prevención de lesiones queda coja.
DOS GRANDES TEORÍAS, DOS FORMAS DE MIRAR EL CEREBRO EN MOVIMIENTO
En el corazón de esta discusión hay dos aproximaciones al procesamiento del movimiento: la teoría computacional, de tipo top-down, donde el cerebro planifica y ordena de arriba hacia abajo, y la teoría de sistemas dinámicos, de tipo bottom-up, donde el movimiento emerge de la organización sensorial y aferente del cuerpo en interacción con el entorno. La sentencia clave de Bosch en esa conferencia fue directa: para la prevención de lesiones, considerar las leyes del control motor es más importante que considerar solamente las leyes de la física. Eso implica que no alcanza con expertos en biomecánica y laboratorios de análisis de movimiento; hacen falta también profesionales que entiendan la neurofisiología del gesto humano.
“LAS LESIONES SON PROBLEMAS DE COORDINACIÓN, NO DE FUERZA”
Esta es probablemente la frase más provocadora de todo el planteo, y merece ser leída con cuidado para no malinterpretarla. No significa que entrenar fuerza esté de más ni que haya que abandonarlo. Significa que la fuerza debe conducir a la coordinación, y no limitarse al desarrollo de componentes tisulares —contráctiles o de tejido conectivo— de manera aislada. Hay que trabajar la coordinación intramuscular en todos sus regímenes de activación, no solo el concéntrico, y prestar especial atención a las transiciones entre excéntrico, isométrico y concéntrico, que es justamente donde suelen aparecer los eslabones débiles. Entrenar mucha fuerza sin atender estas transiciones puede dejar a un deportista “fuerte” pero igual de expuesto al mismo tipo de lesión.
LA ESPECIFICIDAD TIENE UN PRECIO QUE HAY QUE CONOCER
Otro punto central del planteo es que la absoluta especificidad sacrifica activación y potenciación. Dicho de otra forma: buscar que un ejercicio de gimnasio sea idéntico al gesto deportivo tiene un costo, porque restringe la posibilidad de generar la sobrecarga necesaria para las adaptaciones. La clave no está en la igualdad absoluta entre ejercicio y gesto, sino en encontrar la similitud suficiente que permita potenciación real y, a la vez, transferencia al campo de juego. Esto obliga a repensar ejercicios que muchas veces se justifican solo por “parecerse” visualmente al gesto competitivo, sin preguntarse si realmente logran ese equilibrio entre activación neuromuscular y especificidad.
EL ENTRENAMIENTO EN EL GIMNASIO DEBE ANTICIPAR LO QUE PASA EN LA CANCHA
La idea que ordena todo el planteo de Bosch es simple de enunciar y compleja de ejecutar: hay que entrenar en el gimnasio lo que luego va a suceder en la cancha, trabajando desde las posibilidades reales de control motor que se dan en el terreno de juego. Esto empuja a buscar y crear ejercicios que preserven la mayor especificidad posible sin sacrificar la activación neuromuscular necesaria para las adaptaciones. No es un capricho estético ni una moda del entrenamiento funcional: es una consecuencia directa de tomarse en serio que las lesiones tienen, en gran medida, un origen coordinativo.

CHECKLIST PARA INCORPORAR ESTA MIRADA A TU EVALUACIÓN
Antes de la próxima planificación preventiva, vale la pena revisar:
Sumá a tu evaluación funcional preguntas sobre coordinación intermuscular e intramuscular, no solo mediciones de fuerza o rango articular.
Revisá si tus ejercicios de fuerza atienden las transiciones excéntrico-isométrico-concéntrico o solo entrenan el tramo concéntrico.
Preguntate si la “especificidad” de tus ejercicios está sacrificando activación neuromuscular necesaria para la adaptación.
Buscá el punto medio entre similitud con el gesto deportivo y potencial de sobrecarga, en lugar de perseguir la copia exacta del movimiento.
Incorporá, junto al análisis biomecánico clásico, una lectura desde el control motor de cada gesto que estés evaluando.
Integrar biomecánica y control motor en la evaluación funcional es exactamente el tipo de mirada que se profundiza en las certificaciones de Tecnofits, pensadas para formar profesionales que entienden el movimiento en toda su complejidad y no solo desde la estructura. Poné en Acción tu Profesión.
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