
¿Se pueden prevenir las lesiones?
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Lic. Mario Di Santo
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“Hago todo el trabajo preventivo… ¿por qué me lesioné igual?” Es una pregunta legítima que cualquier deportista o paciente le puede hacer a un profesional del entrenamiento, y merece una respuesta honesta en vez de una excusa. La verdad incómoda es que, estrictamente hablando, nadie puede prevenir una lesión en sentido absoluto. Lo que sí se puede hacer, y es mucho, es reducir la probabilidad de que ocurra. La diferencia entre estas dos ideas no es un juego de palabras: cambia lo que le prometés a un cliente y cambia cómo diseñás tu programa de trabajo.
Esta distinción viene de una discusión semántica y lógica que vale la pena conocer, porque terminar de entenderla evita promesas que ningún profesional serio debería hacer.
LA LÓGICA INDUCTIVA Y POR QUÉ NADA ESTÁ GARANTIZADO
En ciencia existen razonamientos deductivos, donde la conclusión ya está contenida en las premisas (“todos los hombres son mortales, Sócrates es un hombre, por lo tanto es mortal”), y razonamientos inductivos, donde las premisas solo aportan probabilidad. Es altamente probable que el sol salga mañana, pero no se puede afirmar de manera taxativa. La prevención de lesiones funciona exactamente así: es de carácter inductivo, y ahí solo hay probabilidades. Afirmar de antemano que un plan de trabajo evitará una lesión es, lisa y llanamente, no ser serio ni creíble con el cliente. Nadie debería ofrecer un servicio de “prevención de lesiones garantizada” ni comprometerse con un porcentaje exacto de reducción para una temporada.
QUÉ SIGNIFICA REALMENTE LA PALABRA “PREVENCIÓN”
La palabra viene del latín praeventious: prae (antes) y eventious (evento), y remite a la disposición o preparación anticipada frente a un riesgo futuro. El problema es que el futuro es incierto por definición, así que afirmar de antemano qué va a pasar es tan poco serio como lo que hacían los adivinos. La definición original ni siquiera tiene una connotación negativa, pero con el tiempo se le asignó siempre el sentido de “evitar un mal”. Reconocer esta imprecisión no es un capricho lingüístico: es el primer paso para dejar de venderle certezas a alguien que solo puede recibir probabilidades.
DE “PREVENIR” A “PROTEGER”: UN CAMBIO DE NOCIÓN QUE IMPORTA
Frente a esta limitación, surgió dentro de un equipo de profesionales una noción alternativa: entrenamiento protector. Proteger no implica garantizar; implica reducir probabilidad de daño sobre un bien valioso, que es la salud integral de la persona. Es exactamente la misma lógica que se usa en la prevención cardiovascular: se trabaja para reducir la probabilidad de un evento coronario, sabiendo que nunca se puede garantizar que no vaya a ocurrir de todos modos. Adoptar este marco cambia el discurso frente al cliente, pero también cambia la forma de evaluar el propio trabajo: el objetivo deja de ser “que no se lesione nunca” y pasa a ser “que la probabilidad de lesión sea la menor posible dado lo que controlamos”.
QUÉ SÍ ESTÁ EN MANOS DEL PROFESIONAL
Aceptar la incertidumbre no significa resignarse ni bajar los brazos. Al contrario: libera al profesional de la carga imposible de garantizar resultados y lo enfoca en lo que realmente puede controlar —la calidad de la evaluación, el diseño de la progresión, la adecuación de la carga, la comunicación honesta con el paciente o deportista sobre qué se puede esperar y qué no—. Un profesional que entiende esta lógica inductiva también entiende mejor por qué, a veces, un deportista bien entrenado igual se lesiona: no fue un fracaso del programa, fue la manifestación de un riesgo que nunca fue cero.

CHECKLIST PARA REVISAR TU DISCURSO Y TU PRÁCTICA
Antes de la próxima entrevista con un cliente o paciente, conviene repasar algunos puntos:
Revisá si en tu presentación comercial usás la palabra “prevenir” en sentido absoluto o dejás claro que se trata de reducir probabilidad de riesgo.
Documentá qué factores de riesgo identificaste en la evaluación inicial y cuáles quedan fuera de tu control.
Explicá al deportista o paciente, en términos simples, la diferencia entre garantía y reducción de probabilidad.
Evitá comprometerte con porcentajes de reducción de lesiones sin evidencia que los respalde.
Si ocurre una lesión pese al trabajo realizado, revisá el proceso con esta lógica antes de asumir automáticamente que “algo se hizo mal”.
Manejar esta distinción con solidez es parte de lo que se profundiza en las certificaciones de evaluación funcional de Tecnofits, donde la idea es formar profesionales que argumenten con rigor y no solo repitan protocolos. Poné en Acción tu Profesión.
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