
El “semáforo” que le falta a tu evaluación funcional
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Lic. Mario Di Santo
Curso relacionado: Evaluación Funcional
¿Cuántas veces armaste una batería de tests, la aplicaste con toda la prolijidad del mundo, y después esos números quedaron durmiendo en una planilla sin cambiar una sola decisión de entrenamiento? Es el error más común —y más caro— de la evaluación funcional: confundir medir con evaluar. Tomar datos no es el objetivo. El objetivo es que esos datos se transformen en criterio, y el criterio en intervención. Si no hay ese último paso, toda la batería de tests fue tiempo perdido.
LO QUE DE VERDAD DIFERENCIA A UN BUEN EVALUADOR
Antes de hablar de protocolos, hablemos de la persona que los aplica. La capacidad de observación es el recurso más subestimado de la profesión. Todo movimiento —no solo el que ocurre dentro de un test estandarizado— es, en sí mismo, una evaluación. El deportista que entra en calor, el que se ata los cojones, el que sube a un cajón: ahí también hay información. Un evaluador con criterio analítico, causal y memoria (que retiene detalles de una sesión a otra y los relaciona) obtiene más valor de una clase común que otro que solo confía en el cronómetro y la planilla. La instrumentación importa, pero no reemplaza al ojo entrenado.
DOS FAMILIAS DE PRUEBAS QUE NO SON LO MISMO
Conviene distinguir entre tests estandarizados —aprobados por la comunidad científica, válidos para publicaciones— y controles de rendimiento, que todavía no gozan de esa aceptación pero aportan información igual de útil en el día a día. Dentro de los tests hay además otro corte importante: los goniométricos (miden en grados), los que se registran en centímetros, y los que comparan relación entre núcleos articulares. Ninguno es “el correcto”: cada uno sirve para una pregunta distinta, y la clave está en no pedirle a una prueba lo que otra responde mejor. Un test de Thomas, por ejemplo, no solo habla de la flexibilidad del psoas: bien fotografiado y comparado en el tiempo, cuenta una historia sobre asimetrías que el propio deportista ni siquiera percibe.
LA ASIMETRÍA COMO SEÑAL TEMPRANA
Buena parte del valor práctico de una evaluación funcional está en comparar un hemicuerpo con el otro, no en comparar contra una tabla de referencia poblacional. Rotadores internos y externos de cadera, aductores, isquiotibioperoneos, flexores dorsales del tobillo: en todos estos casos, dejar que la gravedad haga su trabajo (sin que el deportista compense contrayendo antagonistas) permite detectar diferencias entre lados que son predictoras de lesión mucho antes de que duela algo. Documentar esas asimetrías con una planilla fija, sesión tras sesión, convierte una foto aislada en una película: ahí es donde aparece la tendencia.
EL SEMÁFORO: LLEVAR EL DATO A UNA DECISIÓN
La propuesta más pragmática de este enfoque es el sistema de “semáforo”: traducir el grado de labilidad o fragilidad del deportista a un código de colores que cualquier entrenador pueda leer de un vistazo, sin tener que interpretar catorce planillas distintas. Verde, amarillo o rojo por zona corporal —tobillo y rodilla, cadera y pubis, lumbo-sacra y hombro— le da al cuerpo técnico una foto operativa inmediata del riesgo. No reemplaza el detalle clínico, pero sí resuelve el problema real de la evaluación funcional: que el dato llegue a tiempo y en un formato que se pueda usar para decidir una carga de entrenamiento.
CÓMO EMPEZAR A APLICARLO ESTA SEMANA
Antes de salir a comprar goniómetros, hay una checklist simple para ordenar cualquier proceso de evaluación:
Definí qué preguntas necesitás responder antes de elegir los tests, no al revés. Armá una planilla de datos personales por deportista y usala siempre, no solo en la evaluación inicial. Fotografiá los tests posicionales (Thomas, rotadores de cadera) para poder comparar en el tiempo. Priorizá la comparación entre hemicuerpos por sobre la comparación contra una tabla genérica. Convertí cada resultado en un color de semáforo que el resto del equipo pueda leer sin traducir. Cerrá el círculo: si el dato no cambia un ejercicio o una carga, todavía no evaluaste nada.
La evaluación funcional bien hecha no es una colección de números: es un lenguaje común entre el profesor, el fisioterapeuta y el deportista para anticiparse a la lesión. Si en tu box, estudio o consultorio todavía separás “evaluar” de “entrenar”, ahí hay una oportunidad concreta de mejora.
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