
Flossing: qué dice la ciencia sobre la banda que promete más movilidad
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Prof. Lic. Mario Di Santo
Curso relacionado: Flossing y Rolling Neuromiofasacial
Seguro la viste: esa banda de goma gruesa, casi siempre negra o de color fuerte, que se enrolla apretada
alrededor de un tobillo, una rodilla o un cuádriceps. El flossing —o compresión tisular por flossing (TCF)—
pasó de ser un recurso de fisioterapia deportiva a instalarse en gimnasios, estudios de Pilates y salas de
entrenamiento funcional. Promete más rango de movimiento, menos dolor y mejor recuperación en
cuestión de minutos. La pregunta que como profesional te tenés que hacer no es si funciona, sino qué hace
realmente, cuánto y cómo aplicarlo para no venderle humo a tu alumno. Vamos a eso.
Qué es el flossing (y qué no es)
El método consiste en envolver una articulación o un tejido con una banda elástica de caucho —la flossband
— generando una fuerte compresión en la zona. Sin retirar la banda, el sujeto moviliza el segmento de
forma activa o pasiva llevándolo hacia el límite de su rango, durante uno a tres minutos. Después se libera
la banda y se vuelve a mover o a evaluar. Cada vuelta se superpone sobre un 50% de la anterior para repartir
la presión.
La técnica se popularizó con el libro de Kelly Starrett Becoming a Supple Leopard (2015), pero la idea de la
terapia por compresión es milenaria: hay registros de vendajes compresivos en el antiguo Egipto e
Hipócrates ya usaba vendas de lino y lana para evitar que la sangre se acumulara en las venas. Lo nuevo no
es comprimir: es comprimir mientras se mueve.
Un punto clave para no confundir a tus alumnos: el flossing no es lo mismo que el BFR (entrenamiento con
restricción de flujo sanguíneo). El BFR usa un torniquete proximal que mantiene el flujo arterial pero
restringe el retorno venoso, y se emplea sobre todo para entrenar fuerza con cargas bajas. El flossing
envuelve directamente el tejido o la articulación, combina compresión con movimiento, y se orienta más a
movilidad, acondicionamiento inicial y tratamiento de molestias.
Cómo funciona: los mecanismos detrás de la banda
Acá es donde conviene ser honesto: la evidencia es joven y los mecanismos todavía se discuten. Hoy se
manejan varias hipótesis, probablemente complementarias:
● Cizallamiento fascial: al moverte con la banda puesta, compresión y movimiento ocurren a la vez,
generando un deslizamiento entre las láminas de la fascia que podría restaurar su capacidad de
deslizamiento y aumentar la superficie de contacto entre tejidos vecinos.
● Hiperemia reactiva: al liberar la banda se produce una re-perfusión brusca de sangre en la zona
comprimida, algo parecido al pre-condicionamiento isquémico. Ese “golpe” de circulación se
asocia a respuestas hormonales y a una mejor oxigenación local.
● Mecanismo perceptual y neural: buena parte del aumento de rango parece deberse a cambios en
cómo el sistema nervioso percibe el estiramiento y el dolor —mayor tolerancia—, más que a un
cambio real en la rigidez (stiffness) del tejido.
Traducido a tu práctica: cuando un alumno gana amplitud tras el flossing, probablemente no “rompiste”
ninguna adherencia. Le diste al sistema nervioso una nueva referencia de que ese rango es seguro. Eso igual
es valioso, pero cambia cómo lo explicás y qué esperás de la técnica.
Qué dice la evidencia sobre cada beneficio
Dos revisiones recientes (Gabrielsson, 2021 y Konrad, 2021) ordenaron el panorama. Su conclusión general:
hay efectos positivos, pero son de leves a moderados. Repasemos lo concreto.
Rango de movimiento. Es el efecto mejor documentado. La mayoría de los estudios reportan un aumento
agudo del ROM, tanto articular como miofascial. La causa más probable es la mejora de la función
neuromuscular y perceptual, no un cambio en las propiedades mecánicas del tejido. El efecto crónico (a
largo plazo) todavía no está claro: faltan estudios.
Dolor y DOMS. Aquí el flossing muestra buenos resultados. Aparece útil para atenuar molestias en
tendinosis aquiliana y rotuliana, Osgood-Schlatter, hombro doloroso y otras condiciones, y para reducir el
dolor muscular de aparición tardía (DOMS) tras el esfuerzo, superando en varios casos al modelo estándar
de estiramiento, masaje o electroterapia. Se cree que el mayor flujo sanguíneo al liberar y una menor
estimulación nociceptiva explican el efecto.
Rendimiento y prevención de lesiones. Acá bajá las expectativas. Sobre performance (salto, fuerza) la
evidencia es pobre: solo una fracción de los estudios muestra mejoras, atribuidas a respuestas hormonales
y simpáticas al liberar la oclusión. Y sobre prevención de lesiones casi no hay evidencia; el respaldo está en
el tratamiento, no en la prevención.
La presión importa: menos es más
Uno de los hallazgos más prácticos: la presión moderada gana. Los estudios que compararon distintas
intensidades encontraron los mejores resultados en el rango aproximado de 100 a 150 mmHg, no en las
presiones más altas (150–200 mmHg). Apretar más no es mejor: aumenta el riesgo de efectos adversos
como hematomas, irritación de la piel o parestesias, sin sumar beneficio.
Regla simple para el trabajo diario: buscá una compresión firme pero tolerable, que permita mover el
segmento en su rango completo sin dolor agudo ni hormigueo intenso, y mantené la banda puesta entre
uno y tres minutos. Si el alumno pierde sensibilidad o la zona se pone pálida y fría, aflojá.
Contraindicaciones y buenas prácticas
El flossing tiene pocas contraindicaciones, pero hay que respetarlas. Evitalo en presencia de trombosis
venosa profunda, várices importantes, alergia al látex, heridas abiertas, piel frágil o lesionada, y cuadros
como celulitis u otras enfermedades locales de la piel. Ante la duda, deriva o consultá con el equipo de
salud.
En cuanto a cuándo usarlo, la evidencia sugiere que rinde especialmente bien en el acondicionamiento
inicial —como parte de la entrada en calor para ganar rango— y en procesos de recuperación para modular
el dolor. Y algo importante: no hay evidencia de que el flossing sea superior al rolling neuromiofascial (foam
roller). Son herramientas complementarias, no rivales. La mejor decisión depende del objetivo, del alumno
y del momento de la sesión.
En resumen
El flossing es una herramienta útil, segura cuando se aplica bien, y con respaldo sólido para ganar rango de
movimiento y modular el dolor de forma aguda. No es magia: no rompe adherencias, no previene lesiones
por sí solo y su impacto en el rendimiento es modesto. Usado con criterio —presión moderada, tiempos
cortos, objetivos claros y respeto por las contraindicaciones— suma valor real a tu caja de herramientas
como instructor o entrenador.
La diferencia entre repetir una moda y aplicar una técnica con fundamento está en entender el porqué. Y
ese fundamento es, justamente, lo que trabajamos a fondo en las formaciones de Tecnofits: para que cada
recurso que uses tenga una razón detrás. Si querés dominar el flossing y otras herramientas de movilidad,
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