
Entrenamiento Funcional: qué es, qué dice la ciencia y por qué sigue siendo el campo más dinámico del fitness
Por Prof. Lic. Mario Di Santo | Tecnofits Online
Introducción: un concepto que nadie termina de definir
Si le preguntás a diez profes qué es el Entrenamiento Funcional (EF), vas a obtener diez respuestas distintas. Y no es un problema de ignorancia — es que el EF es, hoy por hoy, uno de los conceptos más debatidos, discutidos y redefinidos en toda la educación física y el deporte.
Después de años de circulación masiva en gimnasios, grupos de entrenamiento y redes sociales, el EF sigue siendo un terreno confuso. La buena noticia: en 2025, un consenso internacional de expertos logró avanzar hacia una definición compartida que cambia la manera en que debemos entenderlo.
En este artículo vas a encontrar una síntesis clara y fundamentada de qué es el EF, de dónde viene, qué dicen los autores más reconocidos, qué errores conceptuales circulan por ahí, y hacia dónde apunta el futuro de esta disciplina. El objetivo no es zanjar un debate que sigue abierto, sino darte herramientas para pensar mejor y entrenar (o prescribir ejercicio) con más criterio.
El problema de partida: la confusión crece
Hace varios años que el Entrenamiento Funcional apareció en el “catálogo” de modos de entrenar. Y sin embargo, lejos de avanzar hacia definiciones precisas, hoy convive con una multiplicidad de interpretaciones que muchas veces se contradicen entre sí.
Las redes sociales no ayudan. La exposición constante de ejercicios etiquetados como “funcionales” —muchas veces sin ningún fundamento— contribuyó a una percepción donde el EF aparece como un depósito desordenado: ejercicios raros, novedosos, con elementos no convencionales, pero sin ninguna idea de fin clara.
Esto tiene consecuencias concretas: la divulgación de conceptos inconsistentes puede inducir a conductas profesionales que perjudiquen a quienes entrenamos. Por eso vale la pena hacer el ejercicio de ordenar los conceptos.
Las “representaciones domésticas”: lo que se escucha en los gimnasios
Cuando hablamos con estudiantes, profes y entrenadores sobre el EF, aparecen ciertos patrones recurrentes de respuesta. El EF es visto como:
- CrossFit de menor intensidad: una versión accesible del entrenamiento de alta intensidad
- Ejercicios no convencionales o “raros”: lo que importa es que se vea diferente
- Clases grupales en circuito: cualquier clase con mucha variedad y movimiento
- Entrenamiento Inestable: usar bosu, fitball y superficies inestables como criterio central
- “Entreno movimientos y no músculos”: frase hecha que circula bastante pero que no siempre tiene sustento
- “Es funcional si funciona”: tautología que en realidad no define nada
- Entrenamiento poliarticular: cualquier ejercicio que involucre varias articulaciones
Ninguna de estas definiciones está del todo mal. El problema es que tampoco está del todo bien. Todas capturan un aspecto del EF, pero ninguna lo define con precisión.
Las definiciones académicas: el terreno de los especialistas
A nivel profesional, las representaciones son más precisas pero tampoco convergen fácilmente. Algunos enfoques que circulan en la literatura especializada:
- Ejercicios terapéuticos aplicados a nuevos contextos: origen en la fisioterapia y la kinesiología
- Coordinación intermuscular: énfasis en cómo los músculos trabajan juntos, no de forma aislada
- Cadenas musculares y conectividad epimuscular: visión anatómica integrada
- Abordaje por patrones de movimiento y planos múltiples: trabajo multiplanar y multieje
- Especificidad contextual: la funcionalidad como adaptación al contexto real del sujeto
Los autores más consistentes coinciden en tres principios fundamentales que tiñen el EF: transferencia, especificidad y variabilidad. La diferencia está en cuál principio priorizan y cómo lo operacionalizan.
Los autores más reconocidos: distintas miradas, puntos en común
Michael Boyle (EE.UU.)
Boyle es posiblemente el referente más influyente del EF a nivel global. Algunos de sus aportes más valiosos:
Plantea que hay que entrenar como realmente trabajan los músculos, no como los muestra la anatomía cadavérica. La mayoría de los ejercicios tradicionales no tienen nada que ver con la manera en que el sistema motor organiza el movimiento en la vida real.
Una de sus ideas más potentes: el EF tiene su origen en la medicina deportiva. Los ejercicios que pueden devolver la salud al deportista lesionado también son los mejores para mantenerla y mejorarla en cualquier persona.
Boyle prioriza el trabajo unilateral, el movimiento desde posiciones de pie, y cuestiona la bilateralidad como estándar de entrenamiento. Su argumento: casi ningún deporte se practica desde sentado, y en todos aparecen fuerzas desestabilizadoras externas. Trabajar siempre en condiciones estables limita la transferencia real.
Otro punto clave: los patrones de movimiento no son específicos de un deporte en particular. Los deportes son mucho más parecidos entre sí que diferentes, lo que justifica priorizar el entrenamiento general sobre el específico.
La Scala Teixeira (Brasil, 2017)
Define el EF como el desarrollo de diferentes capacidades físicas de manera integrada y balanceada para promover autonomía, eficiencia y seguridad durante las actividades de la vida diaria (AVD), el trabajo y los deportes. Los ejercicios característicos son poliartiaculares, asimétricos, multiplanares, acíclicos, intermitentes e inestables, con énfasis en la estabilidad del CORE.
Marzo Grigoletto y Juan Ramón Heredia (2017)
Reconocen cuatro acepciones de la noción de “funcional”:
- Referido a función o a su performance
- Concerniente a funciones corporales y su mejoría
- Algo que es capaz de cumplir eficientemente sus propósitos utilitarios
- Un adjetivo relativo a las funciones biológicas o psíquicas
Su conclusión más relevante: todo entrenamiento, sin excepción, debería aspirar a desarrollar alguna variable funcional. Esto amplía el concepto de manera significativa.
Craig Liebenson
Propone entrenar patrones de movimiento funcionales integrados, superando la tradición analítica derivada del culturismo. Su crítica al entrenamiento tradicional: fuerza, flexibilidad y capacidad cardiovascular como capacidades separadas no se transfieren automáticamente a las exigencias funcionales reales. Todo movimiento analítico que no se integre en un patrón de movimiento más amplio tiene una transferencia limitada.
Bernardo Ide y el escepticismo radical (2021-2022)
No todo es optimismo. La mirada más crítica vino del investigador Bernardo Ide, quien en publicaciones en revistas indexadas planteó que el EF no tiene una definición universal y que sus programas aspiran a inducir las mismas adaptaciones (fuerza, potencia, flexibilidad, resistencia) que los programas tradicionales. Su conclusión: el EF no sería diferente del entrenamiento tradicional bien prescripto.
Este escepticismo, aunque no compartido por la mayoría de los especialistas, tiene valor: señala que el problema central no es el EF en sí mismo sino la proliferación de conceptos inconsistentes e imprecisos que pueden inducir a conductas profesionales incorrectas.
El consenso internacional e-Delphi 2025: el estado del arte
En marzo de 2025 se publicó en el Journal of Sports Sciences un artículo que marcó un hito: el primer consenso internacional sobre la definición del Entrenamiento Funcional mediante el método Modified e-Delphi. El panel incluyó a reconocidos expertos internacionales como Hugo V. Pereira, Diogo S. Teixeira, James Fisher, Steven J. Fleck, Eric Helms, Bernardo N. Ide, Mikel Izquierdo, Brad J. Schoenfeld y otros.
Primera constatación del consenso
El EF tiene inconsistencias y disparidades en sus definiciones existentes. El rango de definiciones es tan amplio que, en teoría, cualquier entrenamiento puede ser considerado EF. Esto no es una fortaleza conceptual — es un problema.
La definición consensuada
El Entrenamiento Funcional es una modalidad de preparación física que contribuye a la superación de la performance humana, de acuerdo a las metas individuales, en deportes, actividades de la vida diaria, rehabilitación y fitness, y que toma en consideración la especificidad de la tarea y la capacidad de respuesta única de cada individuo.
Esta definición es importante porque desplaza el foco de los ejercicios específicos (cuáles movimientos, qué materiales, cuántas articulaciones) hacia la relación entre el entrenamiento y las necesidades individuales del sujeto.
El concepto de continuum funcional
La propuesta más innovadora del consenso es analizar el entrenamiento a través de un continuum de funcionalidad. Los rasgos que hacen que un programa sea funcional no son los ejercicios elegidos, los contextos, los planos de movimiento ni las articulaciones involucradas. El rasgo principal es el grado de aproximación a las necesidades individuales, características y metas de cada persona en cada contexto de práctica.
Esto tiene tres implicaciones prácticas concretas:
Primera: En lugar de rotular una rutina como “funcional” o “no funcional”, los profesionales debemos preguntarnos qué grado de funcionalidad está presente en un proceso específico de entrenamiento.
Segunda: En lugar de clasificar un programa como funcional por los materiales que usa o el número de articulaciones involucradas, debemos evaluar la asociación entre la especificidad del entrenamiento y las metas y rasgos individuales del sujeto.
Tercera: En lugar de presentar el EF como la superación del entrenamiento tradicional, debemos considerarlo como un sello distintivo que puede estar presente en cualquier modalidad de entrenamiento.
Dos datos históricos que cambian la perspectiva
El sistema nervioso no “sabe” de músculos
Ya en el siglo XIX, el neurofisiólogo Sir John Huglings Jackson planteó algo que hoy sigue siendo revolucionario: el sistema nervioso central no sabe de músculos, sabe de movimientos. El SNC no preestablece una secuencia motriz en términos de qué músculos van a activarse, sino en términos de objetivos de movimiento.
Esto significa que el músculo es un protagonista contingente —puede variar, puede cambiar, puede reemplazarse— mientras que el movimiento orientado a un fin es lo necesario, lo invariante. Esta idea, retomada luego por Nikolai Bernstein con su distinción entre engramas e invariantes, fundamenta filosófica y neurológicamente el núcleo del EF: no se entrena el músculo, se entrena el movimiento orientado a un propósito.
La variabilidad motora no es ruido, es información
Desde la Teoría de los Sistemas Dinámicos (TSD), la variabilidad en el movimiento dejó de ser considerada como un error o “ruido” que el entrenamiento debe eliminar. Por el contrario, es el criterio principal de la excelencia en performance.
No hay patrones de movimiento óptimos y universales. Los patrones emergen de la interacción entre las restricciones del entorno, las características del sujeto y el objetivo a lograr. La variabilidad funcional de movimiento ayuda a los individuos a adaptarse a restricciones siempre cambiantes impuestas por el entorno — que es exactamente lo que necesitamos en la vida real, en el deporte y en el trabajo.
Brain Functional Training: el siguiente paso
Una de las líneas más prometedoras de desarrollo del EF es lo que algunos autores llaman Brain Functional Training (o, como lo llamamos en Tecnofits, Entrenamiento Cognitivo-Motor). Publicado en Frontiers in Aging en 2024 por Março Edir Da Silva-Grigoletto y colaboradores, este enfoque propone integrar demandas cognitivas al movimiento para potenciar sus efectos.
Las tareas duales —movimiento + procesamiento cognitivo simultáneo— tienen evidencia científica sólida, especialmente en adultos y adultos mayores. El entrenamiento ya no solo trabaja el cuerpo: trabaja la conexión cerebro-cuerpo, lo que tiene impactos sobre el control motor, la atención, la memoria de trabajo y la prevención de caídas.
Esta es una de las aristas más interesantes del EF hacia el futuro: expandir el concepto más allá del movimiento físico hacia la integración neurocognitiva.
Una posición personal: funcional como adjetivo, no como sustantivo
Después de todo este recorrido, queremos plantear una posición propia que creemos vale la pena considerar.
En lugar de seguir debatiendo si el EF es un sistema de entrenamiento diferenciado con identidad propia, proponemos entender “funcional” como un adjetivo, no como un sustantivo. No como el nombre de un método, sino como una propiedad que puede estar presente —en mayor o menor grado— en cualquier programa de entrenamiento.
Esa propiedad refiere al grado de correspondencia entre lo que el programa propone y las necesidades y propósitos concretos de cada sujeto. Para que esta propiedad emerja, deben cumplirse condiciones específicas vinculadas principalmente al respeto por los principios de individualidad y transferencia.
Esto no significa que todas las formas de entrenar sean igualmente funcionales. Significa que lo que determina el carácter funcional de un programa no es el tipo de ejercicio ni el material que usa, sino cuán bien está ajustado a la persona que lo realiza.
Los beneficios que la evidencia respalda
Independientemente de las discusiones conceptuales, los estudios muestran que los programas de EF de alta intensidad y los programas de Fitness Funcional producen adaptaciones neuromusculares significativas que incluyen:
- Mejoras en fuerza y potencia
- Mejoras en flexibilidad
- Mejoras en velocidad y agilidad
- Mejoras en resistencia cardiorrespiratoria
- Mejoras en composición corporal
- Mejoras en balance y coordinación
Y posiblemente más importante: el EF atrajo y sigue atrayendo a poblaciones que antes no entrenaban, enriqueció notablemente el repertorio motriz de personas que no son deportistas de alto rendimiento, y se consolidó como objeto de investigación científica con creciente producción de evidencia.
Conclusión: el camino recién comienza
El Entrenamiento Funcional es, en los campos relacionados a la actividad física, el que mayor evolución tuvo en las últimas dos décadas. El consenso e-Delphi 2025 no cierra el debate —lo reencuadra. Propone dejar de preguntar “¿esto es funcional o no?” y empezar a preguntar “¿cuánto de funcional tiene este programa para esta persona en este contexto?”
Ese cambio de pregunta no es menor. Nos obliga a poner al sujeto en el centro del entrenamiento, a ajustar los programas a las metas individuales, y a evaluar el éxito no por los ejercicios elegidos sino por el grado de correspondencia entre lo que entrenamos y lo que la persona necesita realmente.
Leer, estudiar, proponer, sistematizar y seguir discutiendo — con rigor y sin descalificaciones. Ese es el camino.
Sobre Mario Di Santo
El Prof. Lic. Mario Di Santo es docente, investigador y referente del Entrenamiento Funcional en Argentina y Latinoamérica. Dicta cursos de formación profesional en Tecnofits Online, la plataforma de e-learning para profes de educación física y fitness del mundo hispanohablante.
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