
Entrenamiento excéntrico: la fase que tu programa está subutilizando
Autor: Tecnofits | Basado en el contenido del Prof. Lic. Mario Di Santo
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Cuando pensamos en “fuerza”, la imagen mental casi siempre es la misma: alguien empujando, levantando, acortando el músculo contra una resistencia. La fase excéntrica —esa donde el músculo se alarga mientras sigue generando tensión, como al bajar una sentadilla o frenar una zancada— suele quedar relegada al rol de “la vuelta”, el momento de descanso antes de la repetición que realmente importa. La evidencia dice otra cosa: el excéntrico no es el descanso, es un estímulo distinto, con su propia neurofisiología, y subutilizarlo es dejar rendimiento y fuerza arriba de la mesa.
El sistema nervioso trata al excéntrico como otro idioma
Durante décadas se asumió que el cerebro simplemente “ordena acortar” al músculo y que, si la carga supera lo que ese acortamiento puede vencer, el músculo se alarga por pura mecánica. La investigación en control motor complica esa idea. Ya en los 90, Barbany i Cairó reportaba columnas corticales específicas para la activación excéntrica en el área motora primaria, y Schieppati describió tres tipos de unidades motoras según su comportamiento: unas que solo se activan en concéntricas e isométricas de baja intensidad, otras exclusivas de excéntricas y concéntricas de alta intensidad, y un tercer grupo que participa en todas.
Lo más llamativo es que el principio de tamaño de Henneman —esa regla que dice que primero se reclutan las unidades motoras chicas y después las grandes— no se cumple igual en las excéntricas. En cargas máximas hay evidencia de que se saltea el reclutamiento progresivo y se activan directamente fibras rápidas de alto umbral. Para vos como instructor, esto significa que el trabajo excéntrico no es “lo mismo pero al revés”: es una vía de estímulo neuromuscular distinta, con menor actividad EMG y menor reclutamiento de unidades motoras para sostener la misma carga, compensado por mayor actividad cortical y una inhibición espinal particular que, con el entrenamiento, se va atenuando.
Por qué somos más fuertes bajando que subiendo
Otro dato que vale la pena tener presente en tu programación: en condiciones dinámicas con carga externa (no en máquinas isocinéticas), las personas son entre un 20% y un 60% más fuertes en la fase excéntrica que en la concéntrica. Esa diferencia es todavía mayor en mujeres, probablemente por una menor inhibición refleja y mejor aprovechamiento de la energía elástica. Es la razón por la que un alumno puede controlar un descenso con una carga que jamás podría levantar desde cero.
Esa capacidad extra de fuerza es entrenable de forma específica. La revisión de Douglas (2017) es contundente: el entrenamiento excéntrico mejora la fuerza —concéntrica, isométrica y excéntrica— de forma comparable o superior al concéntrico, y cuando la carga supera el 100% de la 1RM concéntrica, la ventaja se inclina claramente a favor del excéntrico.
Más potencia, más velocidad de reacción, menos lesiones
El impacto del excéntrico no se limita a la fuerza máxima. Distintos estudios asocian el entrenamiento excéntrico —sobre todo el ejecutado a mayor velocidad— con mejoras en la potencia, el rate of force development (RFD) y el ciclo estiramiento-acortamiento (CEA), tres variables clave para cualquier alumno que necesite reaccionar rápido, saltar o cambiar de dirección. También hay evidencia en poblaciones deportivas de mejoras en sprint y cambios de dirección sin generar fatiga aguda ni alteración propioceptiva significativa, lo que lo vuelve una herramienta interesante incluso cerca de una competencia o de una clase exigente.
A nivel estructural, el excéntrico se asocia con mayor longitud fascicular, mayor hipertrofia distal (a diferencia del concéntrico, que hipertrofia más la zona media del vientre muscular) y con la adición de sarcómeros en serie —un cambio arquitectónico que, entre otras cosas, mejora la tolerancia del músculo a futuros estiramientos y reduce el riesgo de lesión.
Cómo bajarlo a tu clase, sin necesitar barras olímpicas
No hace falta un dispositivo isocinético para aplicar estos principios. Alcanza con volver intencional la fase de bajada de cada ejercicio: pedirle al alumno que controle activamente el descenso de una sentadilla, que resista la vuelta de una zancada, que frene con conciencia la fase excéntrica de un press. La clave metodológica es la intención: no es lo mismo “dejar caer” el peso que decidir activamente frenarlo.
Para principiantes o en fases de reeducación motriz, conviene empezar con tempos moderados y cargas manejables, dado que el trabajo excéntrico intenso genera más daño muscular inducido por el ejercicio (DOMS) que el concéntrico, sobre todo en sujetos no acostumbrados. Progresar gradualmente en velocidad e intensidad de la fase excéntrica evita sorpresas y construye, con el tiempo, una capacidad de frenado y control que se traduce directamente en mejor calidad de movimiento dentro y fuera del estudio.
Una fase, no un accesorio
El excéntrico no es el “premio consuelo” de la repetición. Es una vía neuromuscular propia, con reclutamiento, control cortical y adaptaciones estructurales diferenciales respecto al concéntrico. Programarlo con esa consciencia —y no como un simple regreso pasivo a la posición inicial— es una de las formas más eficientes de sacarle más rendimiento a cada sesión, sin necesidad de agregar una sola serie extra.
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